Acampar en el Sótano del Barro Querétaro

     “Mi corazón trataba de dar su mejor esfuerzo, mi respiración era constante y agitada, había dejado de hablar y bromear.”

la mochila me pesaba como si llevara un costal de cemento adherido a la espalda. Me detuve para quitarme la chamarra y descubrir una playera completamente mojada por el sudor. Pensé en sentarme a descansar, pero solo llevábamos 15 minutos, era tarde y nos faltaban dos horas más de camino cuesta arriba. Además, ¡no sería yo quien arruinara tan increíble experiencia!”

 

 

El “Sótano del Barro” es una sima o cavidad localizada en el municipio de Arroyo Seco en el estado de Querétaro, a tan solo 35 kms de Jalpan.

Siendo la segunda sima más grande del mundo, (solo superada por la de Sarisariñama en Venezuela) es un tesoro Mexicano que teníamos que conocer.

 

Llegamos por la tarde a Santa Maria de los cocos, una ranchería en las faldas del cerro. Nuestro plan era acampar junto al sótano, asi que nos dispusimos rápidamente a bajar todo el equipo de la camioneta. Ahí mismo una señora nos ofreció el guía y un lugar para estacionar la camioneta.

El costo de este guia ronda entre los $250 y $350 pesos, según el horario en que inicies la caminata.

Iniciamos subiendo entre las calles, pasando por corrales, burros y vacas quienes nos ven y piensan, -Pobres humanos, van muy cargados -.

Dejando la última casita, inicia el suelo agreste, seco y polvoso, asi por mas o menos un kilómetro.

 

 

No llevábamos ni una quinta parte del recorrido cuando ya mi mente pensaba -pero que estas haciendo, esta mochila está demasiado pesada, ¿para qué llevas tanta cosa? –

Mi corazón  trataba de dar su mejor esfuerzo, mi respiración era constante y agitada, había dejado de hablar y bromear. La mochila me pesaba como si llevara un costal de cemento adherido a la espalda. Me detuve para quitarme la chamarra y descubrir una playera completamente mojada por el sudor. Pensé en sentarme a descansar, pero solo llevábamos 15 minutos, era tarde y nos faltaban dos horas más de camino cuesta arriba. Además, ¡no sería yo quien arruinara tan increíble experiencia!

En varias ocasiones me encontré debatiendo internamente sobre el que hacer, no podia descansar pues oscurecia y si nos agarraba la noche en pleno camino dificultaría nuestro  andar.

Un bosque tupido de árboles nos acompañó todo el camino, en ocasiones la vereda es inexistente y no hay que perder de vista a Gilberto, nuestro guía, un joven de gran condición física, acostumbrado a subir y bajar el cerro varias veces al dia.

 

Durante el trayecto, Gilberto nos compartio relatos de brujas en Santa Maria de los Cocos

 

 

-Ya casi llegamos – Dijo Gilberto.
– ya ahí se ve a donde vamos a llegar –
No se si lo dijo solo para animarnos o se confundió con lo que veía, pero a mi, lo que restaba del camino me pareció eterno.

En un punto, teníamos que decidir entre acampar a un lado del sótano, donde probablemente no habría suficiente espacio para tres casas de campamento, o ir a la zona de camping, donde ya se encontraba un grupo de 10 personas. Optamos por dormir entre piedras, pero solos.

-Bueno, pues aquí sería, los dejo, ya me tengo que regresar – Dijo Gilberto

La noche había caído hacía unos 20 minutos, el frío empezaba a hacerse sentir sobre las ropas bañadas en sudor, así que lo primero que hice fue cambiarme la playera para luego iniciar el armado de la casa.

 

 

Así nos tome una hora, vamos a tener una fogata.

Si hay un momento que disfruto de sobremanera durante un campamento, es estar a un lado del fuego, hipnotizado por las llamas, las brazas y por una salchicha clavada a una rama, girando a mi voluntad. Pero tal parecía que esta noche no tendría lo que tanto anhelaba.

 

Habíamos recolectado pequeñas ramas, hojarasca, troncos y todo lo que una fogata requiere, pero debido a la humedad, nada prendia.

Intentamos una y otra vez, quemamos todo el papel que traíamos, tickets, notas, etc. pero sin éxito, esta fogata estaba decidida a no encender. Pero si hablamos de necios, no puede haber más necios que 5 personas cansadas, con hambre y frío tratando por todos los medios de obtener un poco de calor y fuego para comer.

Finalmente y casi una hora despues, teniamos fuego, el hombre imponiéndose a su entorno ¡lo habíamos logrado!.

Cenamos y dormimos como bebés, al menos yo.

 

 

De madrugada, un poco antes de las 05:00 escuchamos a las primeras personas deambular entre nuestras casas. Llegaban ya desde “Cocos”.

 

El tour más común en el Sótano del Barro inicia alrededor de las 3 de la mañana. Suben caminando o a caballo para ver el amanecer y luego bajar unas horas después. Por esta razón, rápidamente nos vimos rodeados de gente que llegaba uno tras otro hasta donde estábamos, dejando sus caballos junto a nuestras casas.

 

Amaneció nublado, ya había aclarado cuando caminamos a se encontraban las demás personas, pero llegando ahí, nos dimos cuenta que el espectáculo no sería el mismo entre tanta gente, por lo que decidimos caminar por la orilla del sótano hasta donde pudiéramos llegar.

Gilberto se encontraba de nuevo con nosotros para mostrarnos el camino.

Así, unos minutos más tarde, nos encontramos al filo del precipicio, habíamos bajado por la pared del sótano, la vista era increíble.

 

De entre los árboles y las paredes del sótano despegan docenas de enormes aves de colores, vuelan en parejas por toda la cavidad, los parloteos retumban en las paredes aumentando su volumen, son las guacamayas que se preparan para salir. ¡Es un espectáculo fascinante!

Imagen de National Geographic LA

 

Sentados en estas piedras, el vértigo es constante, de una caída al precipicio solo nos separa una roca enclavada en la pared. No hay espacio suficiente para despegar y aterrizar el drone, pero el deseo de hacernos una foto es muy grande, así que lo colocamos sobre una superficie irregular y lo hago despegar. La humedad es tanta que solo logro hacer una pequeña toma y lo regreso inmediatamente pues no soporta mojarse. Para aterrizarlo, extiendo la palma de la mano y logro que piense que es un lugar seguro, pero justo cuando toca mi mano, la cierro para agarrarlo firmemente, y como una fierecilla atrapada, me ataca y corta el dedo. Pero prefiero eso a una caída a la nada.

De entre los árboles y las paredes del sótano despegan docenas de enormes aves de colores, vuelan en parejas por toda la cavidad, los parloteos retumban en las paredes aumentando su volumen, son las guacamayas que se preparan para salir. ¡Es un espectáculo fascinante!

Dejamos este punto, subimos por la pared, la cual desde este punto parece ahora más peligrosa.

Seguimos adelante, no hay vereda, solo rocas y espinas. Así nos hacemos camino por largo rato y llegamos a otro punto con una excelente vista y con mayor seguridad. Aquí pasamos un buen rato, las guacamayas se han ido y yo aprovecho para hacer algunas tomas con el drone.

 

Después de un par de horas, emprendimos el regreso al campamento, desayunamos y guardamos todo el equipo, eso si, ya sin el peso de la comida y las bebidas.

El regreso fue mucho más rápido, en menos de dos horas nos encontrábamos ya en Santa Maria de los Cocos, tomando una cerveza en la tiendita que se encuentra donde termina el camino e inicia el pueblo, dando así por terminada la parte del trekking.

 

En México tenemos una incontable cantidad de maravillas naturales, tantas que difícilmente las conoceremos todas en una vida, pero solo hace falta aventurarse un poco para experimentar la majestuosidad de algunas de ellas.

 

Nota: Cuando salgas de campamento, hazlo con personas optimistas, colaborativas y de espíritu fuerte, solo así experimentarás la experiencia del compañerismo que se vive en el campismo.

Gracias Ana Mar, Koko, Claudia y Julien por ser excelentes compañeros de aventuras.

 

FIN

 

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