Que hacer en Bangkok en 3 días DIA 1


En una reciente visita, recorrimos gran parte de esta bella ciudad, y lo hicimos en muy pocos días. Aquí lo que visitamos día por día.

DIA 1

En el 2004 visité Tailandia por primer vez y me encantó, no solo eso, me cambió.

La forma de vida, la sencillez de las personas, pero sobre todo, la felicidad que irradian con lo poco o mucho que tienen.

Supongo que tiene que ver algo con el Budismo o la idiosincrasia que hay en varios países asiáticos. Todo esto me hizo entender lo dichoso que uno puede ser en cualquier parte del mundo y con lo que se tiene.

 

Pero, entonces, ¿por qué tardé tanto en regresar?. Digamos que anduve conociendo algunos otros lugares..

Lo que no puede perdonarme, es haber tardado tanto en mostrarle las maravillas del mundo asiático a Mar.

Nuestro viaje inició con un gran problema de vuelos cancelados, carreras dentro aeropuertos en diferentes países, desveladas y un total descontrol en nuestro reloj biológico.

Pero la recompensa valio la pena 100%.

En el avion

Llegamos a Bangkok a la 1 de la mañana, pero la alegría de haberlo logrado, no permitió que nuestro cansancio nos mandase a dormir.

En lugar de descansar, hicimos poco a poco lo debido, cambiar dinero, comer, comprar un chip para el teléfono y tirarnos por completo a conocer este nuevo panorama que se nos presentaba frente a nuestra vista, oído, tacto, olfato, pero sobre todo, gusto… ah… que delicias venden de este otro lado del mundo.

Cuando amaneció, nos dirigimos a la ciudad en tren. Algo curioso es ver como antes de subir, hay que esperar a que bajen todos los pasajeros, después, esperar a que revisen que no haya bombas, si, bombas ¿/?, o al menos eso nos dijeron. La cosa es que todo es muy ordenado.

El trayecto es rápido y económico. Al bajar, nos encontramos con el bullicio de una ciudad que despierta como siempre, con una sonrisa para todos.

Llegamos al hostal pero aun no es tiempo de hacer check in, por lo que salimos a comer algo y conocer el área. El encargado nos recomienda un McDonalds que se encuentra en la avenida principal, a lo que con una sonrisa le respondo que preferimos experimentar la comida local. Tal vez están acostumbrados a que los recién llegados vean con un poco de repulsión esos deliciosos puestos callejeros que abundan por doquier.

Mar descansando en la entrada del Hostal

Felizmente nos recomienda entonces una calle donde se ponen varios puestos de comida y que es donde a él le gusta.

 

La recomendación no pudo haber sido mejor. Engullimos nuestros platillos y saludamos a las ratas que se pasean alegremente entre los callejones.

El hijo del dueño del puesto toma una manguera y les rocía agua tratando de ahuyentarles, pero es inutil, ellas no estan acostumbradas a que se les eche del lugar.

 

Agradeciendo la rica comida, nos incorporamos a la avenida principal y caminamos, y caminamos. Después de un rato nos damos cuenta que en realidad hemos caminado mucho; pasamos por lo que consideramos es un “tianguis” y Mar aprovecha para comprarse una tela que utilizará en los templos, pues es imperativo vestir de forma digamos, recatada para los estandares de Asia y su religión.

La curiosidad de ver que hay mas allá, nos ha llevado poco a poco a la zona central de Bangkok, así, sin querer, nos damos cuenta que estamos a las puertas del Gran Palacio. Aprovechamos la ocasión y entramos. Falta poco tiempo para que cierren, pero nos da el tiempo suficiente para conocerle y hacer algunas buenas fotos.

El Gran Palacio de Bangkok

 

Monumento al elefante en el Gran Palacio de Bangkok

 

Mar en el Gran Palacio de Bangkok

 

Mar en el Gran Palacio de Bangkok

 

Selfie en el Gran Palacio de Bangkok

Tomamos el bote del Gran Palacio a Khao San Road

 

De vuelta en la legendaria Khao San Road

 

Una selfie en Khao San Road

 

Cuando terminamos la visita, continuamos caminando y llegamos a Khao San Road, la Meca de los mochileros. Los recuerdos vienen a mi por montones, ¡me siento en casa!.

Ahí está el hostal donde me quedaba, y ahí el parque donde solía escribir. ¡Hey!, Este es el bar donde le gané a tanta gente jugando billar, y donde por cierto, una chica Tailandesa me quitó la arrogancia sin permitirme siquiera hacer un tiro.

 

Después de celebrar el día con una cerveza, regresamos al hostal y dormimos ¡como si no hubiéramos dormido en días!. Tal vez porque no habíamos dormido en días.

Bangkok, si al principio no te enamora, poco a poco extenderá sus cálidos brazos hasta que te pierdas en un exótico romance.

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