Día 36 Figeures-Cadaques. Un largo, interesante, feliz y aventurero día.. 2/2

Bucaba las partes del camino que me permitieran dar pequeños saltos con mi bicicleta, mientras cantaba en mi mente “Free as a bird”, y digo “cantaba en mi mente” pues no llevaba conmigo audífonos para musicalizar nuestra aventura, algo que puede parecer raro, pero en realidad, hasta el momento, no he necesitado de la música para quitar el tedio del camino, porque hasta el momento, no ha habido tal. Así llegué al final de la larga bajada, sin ningún problema, sin ningún rayo roto, pero con un corazón acelerado y agradecido.

Mientras esperaba por Mar, saqué la cámara para fotografiar el momento en el que ella aparecería a lo lejos, frente a mí, enmarcada por el suave y azul cielo de verano y los secos y agrestes cerros de la geografía que nos rodeaba en esta hermosa península. Al asomarse ella, montada en su bicicleta, capté el momento que había esperado y pensé que esta era la imagen perfecta para describir metafóricamente nuestra aventura: el cielo, era la parte dulce, la parte suave, la parte que nos cuidaba durante nuestra travesía por caminos desconocidos, a veces secos, a veces difíciles, justo como el que cruzábamos en este momento, pero como en la imagen, si permanecíamos justo en medio de estas dos constantes, la foto siempre saldría perfecta!

Al llegar, Mar me hizo saber la preocupación que en un momento pasó por su cabeza, la idea de que a mi me pasara algún percance, le había preocupado durante el tiempo que no me tenia dentro de la imagen que sus ojos captaban, yo pensé que ella tenía razón, que si a alguno de nosotros dos nos pasaba algo, el otro estaría en graves aprietos, pero aun así, también sabía que ambos poseíamos ya, la capacidad para afrontar cualquier situación.

Como habíamos bajado tanto, ahora nos encontrábamos casi al nivel del mar, continuamos un poco y vimos una casa al lado izquierdo, con un portón cerrado al lado. El portón negaba el acceso a un camino que seguía cerro arriba, era demasiado pequeño como para ser la desviación a la izquierda que había estado buscando, así que continuamos, un par de cientos de metros adelante, nuestro camino terminaba abrupta pero deliciosamente en una hermosa playa, donde ya un nutrido grupo de turistas disfrutaba refrescándose en el agua.

Obviamente no podíamos continuar adelante, tendríamos que regresar y buscar la desviación que habíamos pasado sin ver.
Al llegar de nuevo a la casa con el portón cerrado, los dueños se encontraban a punto de partir en su automóvil, afortunadamente llegamos unos segundos antes para poder preguntarles si conocían el camino a Cadaqués, a lo cual una Sra. nos contestó señalándonos el camino que se encontraba después del portón y diciendo: “Es ese, solo que no se puede ir en automóvil, es solo para ciclismo de montaña”.
Debido a que el camino delante nuestro se veía completamente imposible de rodar con nuestras pesadas bicicletas, reflexionamos un poco la situación, teníamos dos opciones, la primera (la mas aburrida), regresar hasta Roses y tomar una carretera asfaltada hasta Cadaqués, y la segunda, cruzar las bicicletas de alguna forma por este portón, y empujarlas cuesta arriba hasta la cima del camino, la cual, imaginaba no estaría muy lejos.

El remover de mi bicicleta todas las alforjas y bolsas que traigo cargando siempre me a producido una sensación de pereza, no me gusta hacerlo y trato de evitarlo lo mas que puedo, así que intenté rodear el portón por una pequeña vereda a un lado, para lograrlo, por contrario que parezca, tuve que hacer uso de los frenos, el método fue el siguiente: empujar la bici unos centímetros, frenarla para que no se regresara, dar un pequeño paso y de nuevo empujarla unos centímetros mas. Así lo hice hasta que la crucé por completo, pero para cuando estaba del otro lado, Mar ya había quitado todas las alforjas de su bici, esto se lo agradecí en mi mente, pues no quería pasar otra vez por lo mismo.

 

 


Mientras cruzábamos, dos ciclistas se acercaron, eran padre e hijo Holandeses, nos saludamos y les platicamos un poco sobre nuestra aventura, después, los vimos alejarse lentamente cuesta arriba, en la velocidad “granny” (la de la abuelita).

Comenzó nuestro ascenso lentamente, paso a paso, en algunos momentos, hacíamos uso de la técnica “empujón, frenado, paso, empujón, frenado, paso, etc.” pues la subida era demasiado inclinada, definitivamente el avanzar con tanto peso era imposible, el agua que yo traía se me había terminado y ahora empezaba a tomar de la de Mar, pero solo para quitarme lo seco de la boca, no para saciar la sed. Siempre he subestimado la necesidad de cargar mas agua, pues en la mañana no tengo sed y no imagino el calor que hará durante el día.


Avanzamos mas y mas, siempre empujando la bici cuesta arriba, yo veo el mapa constantemente, y calculo el final de la subida de acuerdo a las curvas que se presentan en el mapa. Cada vez mas, el calor, el cansancio, la sed y la desesperación se van apoderando de nuestro cuerpo y mente, lo que en un principio parecía una divertida aventura, se ha convertido en una prueba a la tenacidad y control sobre la situación. En un momento, nuestros ánimos están muy bajos, lo cual ocasiona tensión entre nosotros, así que decidimos parar, descansar y platicar un poco sobre la situación, pues tal parece que nunca terminaremos de subir, aún es temprano pero a este paso nunca llegaremos a Cadaqués, ¿pasaremos la noche aquí, en medio de nada?, ¿Y si se poncha una llanta? eso definitivamente nos quitará valioso tiempo, ¿Llegaremos en la noche a Cadaqués?.

Finalmente comprendemos que la situación no es tan mala como pensamos, nos llenamos de ánimo una vez mas y nos decidimos a empujar las bicis hasta el fin del mundo si es necesario!.
Cuando vemos un nuevo portón cerrado, entendemos que lo hemos logrado! lo cruzamos por un lado, entre piedras, ramas y hoyos. Unos minutos después, estamos rodando cuesta abajo!..

Mientras bajábamos, pudimos observar a lo lejos, algunas manchitas blancas sobre los cerros, y mientras mas nos acercábamos, esas manchitas iban tomando forma de casas! Estábamos finalmente llegando a Cadaqués! otro de los principales destinos en el viaje!

 

 

 

Cuando estábamos lo suficientemente cerca, no pude contener las ganas de filmar nuestra llegada, la cual quedó captada en la cámara GoPro de mi casco.
Atravezamos todo el pueblo de lado a lado por la costa, hasta que finalmente tuvimos que regresar y preguntar direcciones hacia el camping local.


Como Cadaqués se encuentra situado entre cerros, la llegada al campamento fue un poco complicada, en una parte tuvimos que bajar de las bicis y subir por unas escaleras para poder acceder a la calle de arriba.
El camping de Cadaqués no es el mejor, pero es el único que hay, pero tampoco es tan malo. El problema es que hacía demasiado viento y el área es algo polvosa, y lo peor, no podíamos cocinar como es debido, lamenté no haber comprado el artefacto contra el viento para la estufa que quería Mar, pero no pudimos hacer nada mas que cocinar dentro de la casita una vez mas.

Como ya era tarde, decidimos descansar, pues bien lo merecíamos. La casa museo de Salvador Dalí no iría a ninguna parte, podría esperar un día mas, ya estábamos ahí!

Buenas noches Dalí, tu Cadaqués es hermoso…

Horas pedaleadas: 04:40
Distancia recorrida: 52 kms.
Distancia recorrida total: 1902 kms.
Velocidad promedio: 11.5 Km/h
Velocidad Maxima: 37.6 km/h