JUDIOS EN ISLA MUJERES – Una semana en Isla Mujeres, Día 03-

A las 05:30 Mar me despierta para ir a correr. A mi me toma 15 minutos tomar conciencia de mi existencia en este plano terrenal y otros 15 sentado en la cama, con la mirada fija en las sandalias, tratando de echar a andar mi cerebro.

Aún no amanece y ya estamos en el malecón, corriendo lentamente para calentar, pero también para no caernos pues está oscuro .
A unos 500 metros adelante, un grupo de hombres se encuentran metidos en el agua, son siluetas en la oscuridad, trabajando para rescatar “algo” qué hay en la orilla, parece un gran tubo de metal, pero como no logro distinguir la figura. Nos detenemos para agudizar la vista, uno de ellos al vernos nos grita:
—¡es una ballena! — a lo que le respondo riendo:
—¡Pues que ballena tan rara, parece tubo!—
Llegamos al final del malecón y emprendemos marcha atrás, la ballena-tubo sigue encallada en el agua, los hombres también siguen ahí, parece ser una batalla imposible de ganar.

Le pido a Mar que me enseñe un poco de yoga y así, saludamos al nuevo sol varías veces.

 

 

De regreso en nuestro “hotel”, nos encontramos a Luis, quien nos cuenta:

—En esta isla hay gente de todo el mundo, pero más Judíos, Argentinos, Americanos e Italianos —
Dentro de este grupo de extranjeros, fueron los Judíos los que llamaron nuestra atención.
—¿Judíos has dicho Antonio? — preguntamos.
—Si, los ves por ahí de repente, pero solo nosotros que ya los conocemos sabemos distinguirlos bien. De hecho yo hospedo a dos chicas que ayudan a los rabinos —
—¿cómo?, ¿pero hay rabinos y todo? — asombrados preguntamos una vez más.
—Y sinagoga, y toda la cosa, está a dos cuadras de aquí — nos dijo con la sonrisa de quien ve a dos sorprendidos turistas.
Estaba por preguntarle cómo hacían para soportar el calor, con las ropas que llevan puestas cuando Luis adivina mi pregunta y nos cuenta cómo el una vez vió a “uno” meterse un poco al mar.
—lo ví cómo metió media parte del cuerpo y hasta cómo trató de refrescarse un poco metiendo también las manos, pero nada más. Sentí mucha tristeza, pobrecito, el en su naturaleza quiere meterse a nadar, ¡disfrutar del agua!, pero por sus creencias no puede, ideas que desde niños les inculcan. Incluso aquí en la puerta de la entrada tenemos un cordón para jalar el seguro pues creo que los sábados y domingos ellos no pueden tocarlas, no se muy bien pero ellos discurrieron eso —.
—si, conocemos algunas de sus costumbres — confesamos.

—Están aquí por qué hay negocio, así son ellos, ven dinero y seguro ahí se quedan — finalizó Luis.

Ese mismo día, más tarde, vimos a uno pasar en moto, con su vestimenta tradicional, llevando la Tallit Katan como si no estuviéramos en un verdadero horno.

Ahora, ¡a desayunar!

 

 

 



 

IGLESIA

Caminamos un rato en el centro, esta vez entramos a la iglesia, la cual es una edificación a la usanza de las costas, sencilla pero fresca, un verdadero lugar de agradecimiento. En el se encuentran murales que muestran la llegada de los españoles y la adoración a la virgen.

 

PLAYA CENTRO

La playa a visitar el día de hoy es “Playa Centro”. Que está a un lado de “Playa Norte”. Aquí no hay palmeras, por lo que accedemos a rentar una sombrilla con dos camastros, $300 pesos nos parece exorbitante pero cedemos pues el sol y el calor arrecian.

En Playa Centro hay solo los turistas del día, gente que solo viene por unas horas desde Cancún o que solo pasan una noche, aquí no vemos gente local, por la falta de sombra, suponemos.

Junto a nosotros se ha asentado un grupo de chicas, una de ellas es una futura esposa, las otras, sus amigas, quienes vienen a despedirla. beben y ríen sin preocupación alguna por largo rato.

Horas después, el hambre llega y voy por un snack, pero la lluvia nos sorprende y corro de regreso para ayudar a Mar a recoger nuestras cosas. Nos refugiamos debajo de una palapa para masajes. Aún hay una pareja que disfruta de esta práctica. La lluvia combinada con aceites de suaves aromas, cortesía de las masajistas, hacen que el viento adquiera una deliciosa fragancia.

 

Termina de llover y la vida sigue. Un increíble atardecer nos despide y volvemos al centro para cenar, esta vez en “Pita Amore” un acogedor lugar con unos platillos a base de pan pita, ¡deliciosos! Súper recomendable el de pollo al curry.
Por último, nos quitamos una “espinita” y vamos al restaurante-bar canadiense para pedir un “poutine”. Aquí el entretenimiento es hockey sobre hielo, así que el lugar está abarrotado de canadienses. No hay un solo Mexicano, las meseras son extranjeras y ¡no hablan español!.
Cuando una de ellas se acerca y nos pregunta en inglés si deseamos ordenar algo, yo respondo en castellano, pero ella sin detenerse continúa hablando inglés. Estoy a punto de indignarme cuando recuerdo cuantos restaurantes Mexicanos hay en USA donde no se habla inglés.
—ok, so English it is.. — pienso sonriendo.

 

Hacemos digestión viendo un partido de basketball en la cancha del pueblo. Mar hace plática con una mujer que se encuentra a nuestro lado, ella le va a los “rojos” en ese equipo juega su marido, quien al final se convierte en héroe por definir el partido encestando una canasta de tres puntos y acto seguido, robando un balón que se convierte en dos puntos extras. Los felicitamos y nos vamos a dormir.
La vida es tan bonita y sencilla en Isla Mujeres..

La parte no turistica de Isla Mujeres – Día 04 –

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